Título: La pesadilla de la chica Popular
Capitulo: 8
Autora: Ana Itzia Gómez Arriaga
Descripción: Hola mundo, eh vuelto con las historias de las cuales no había continuado por algún tiempo. Bueno espero disfruten este Capitulo, vendrán muchos más. Esperenlos.
"Un recuerdo e incluso una aventura puede atarte eternamente a un pasado sin resolver"
Capitulo 8:
Vanessa abrazó rápidamente a Erick, miro con imponente odio
a Carla, pero a pesar de todo el terror que sentía se podía notar en su mirada,
aquel espectro tan cruel comenzó a reír.
-¿Acaso estamos jugando? Te lo dejaré así, para mi deleite
te dejaré exactamente dos semanas más de vida, para ver como la desesperación
por quererte salvar te va comiendo por dentro.
-Pero ¿Por qué convulsionar nuestros cuerpos? Este chico no
tiene nada que ver.
-Simplemente por diversión, daños colaterales –Ahí estaba otra
vez aquella sonrisa que causaba pesadillas a Vanessa, en pocos días su vida se
había distorsionado horriblemente y Carla gozaba disfrutando lo que pasaba.
-No te metas con el niño, ah sufrido suficiente –Replicó.
-No me retes –Dijo a carcajadas mientras apuntaba con un
dedo al cuerpo del niño el cual comenzaba a disminuir su ritmo cardiaco, Abril
fue sacada de aquel cuarto de hospital mientras los doctores ejecutaban sus
maniobras inservibles ante el ataque de Carla –Si no quieres que le pase algo
peor como que me lleve su alma, mejor acepta que te eh superado.
-Sabes que lo has hecho –Comenzó a llorar en busca de
consuelo –Pero no pienso dejar las cosas así, quiero sobrevivir, ha pasado poco
tiempo de esto y eh aprendido lo que es el amor, no sé porque ni como es que
Gustavo hace tantas cosas por mi, pero no podría abandonarlo, justo ahora tengo
motivos por los cuales vivir, pero estoy viviendo en carne propia el infierno
que yo misma creé.
-¿Crees que esto es un infierno? Te queda mucho porque vivir
–En ese momento se esfumo en una nube de humo, mientras en la habitación
resonaba el eco de sus malignas carcajadas.
En algún momento el cuerpo del niño volvió a reaccionar, los
médicos no se explicaban que era lo que ocurría ya que él no tenía ningún tipo de
afección cardiaca, por suerte lograron regular el pulso de aquel joven, Vanessa
por su parte se disculpó con él, ella quería ir a ver a Gustavo y estaba
dispuesta a buscarlo y darle señales para que se diera cuenta que estaba viva
aún y que necesitaba de su ayuda.
Mientras tanto Gustavo se retiro a su hogar, sin saber que
esa noche tendría la visita de un espíritu lleno de odio, simplemente subió las
escaleras para llegar a su departamento, en el pasado vivió con sus padres,
pero les pidió que le dejasen vivir solo, ellos accesibles le otorgaron el
permiso y le daban cierta cantidad de dinero al mes.
Él se desvistió y se metió
a la ducha con millones de problemas y pensamientos en la cabeza, simplemente
esperaba que el agua corriera y borrara sus problemas, al terminar de tomar su
baño, salió de la regadera con tan solo una toalla que cubría su musculoso
cuerpo, se sentó en su sillón aun en toalla y cerró los ojos un momento.
-¿Qué quieres? Siento tu presencia ¿Acaso vienes a
asesinarme? –Dijo al aire.
-Eres bastante sensible a estas sensaciones –Respondió una
voz sepulcral, Carla –Lamento decepcionarte, pero solo vengo a encargarme de
que seas tu quién asesine a Vanessa.
-Me niego rotundamente a hacerlo –Sostuvo decidido.
-¿Qué tiene ella de especial? La conoces de hace poco y sin
embargo estás dispuesto a sacrificarte por ella, no tiene sentido.
-Lo que tu no sabes es que la conozco de toda una vida –Respondió
mientras suspiraba.
-Esta bien –En ese momento el espectro se poso delante de
Gustavo, su aspecto era temible y el frio que radiaba hacia temblar al pobre
chico –Entonces explícate ¿Cómo es que la conoces de toda una vida?
-Ese no es asunto tuyo –Le reto con la mirada llena de odio,
mientras las frías manos del espectro le tocaron las orejas, mientras apoyaba
su frente en la de Gustavo.
-Puede que no lo sea, pero ahora lo sabré indagaré en tu
mente ahora mismo y nada puede evitarlo.
Así el espectro tan temido fue hacia la infancia de Gustavo,
cuando él tenía 10 años, estaba fuera de una enorme casa, su padre que es
policía al parecer había entrado a ver lo que era una masacre, había sido
terrible, no había ningún sobreviviente, el chiquillo esperaba en el auto a su
padre para seguir con la celebración del día después de navidad, pues su madre
se encontraba en esos momentos con su hermana Natalie en una playa, el eligió
estar a pesar de todo con su padre.
Aquella mañana el observaba desde la ventana de la patrulla
impaciente la llegada de él, le latía muy fuerte el corazón porque para ser
sinceros a ningún niño le agradaría la idea de que su padre se internara en un
lugar dónde ya nadie vive y solo quedan los lamentos de aquellos que murieron
en manos de criminales.
Pero algo paso esa mañana, el llevaba cargando una niña que
lloraba, como si acabara de salir del infierno mismo, ella sabía lo que había
pasado, por suerte no había visto nada.
-Gus, por favor cuida de ella, en lo que llegamos a la
estación
-Si padre.
Entonces entró y se sentó a lado mío aquella chiquilla de
vestido rosa, cabello rubio, con una mirada repleta de tristeza que parecía
mirar a la nada; mi padre arrancó el coche mientras ella solo miraba a la nada,
me acerque a ella.
-¿Cómo te llamas? –Pregunté, ella solo se limito a mirarme
con una mirada tan vacía en la que solo se veía dolor, en ese momento comenzó a
sollozar, no pude soportar eso y la abracé
– ¿Estás bien?
En todo el camino aquella chica no hablo, pero me abrazaba y
lloraba; pronto llegamos a la estación, mi padre me pidió que me quedara con
ella pues estaba demasiado ocupado viendo el caso y me indico que yo era el más
indicado para cuidar de ella, se había quedado dormida en mis brazos así que la
lleve dentro, consiguieron por suerte contactar con el padre de la niña quién
ya venía en camino.
Trate por todos los medios de hacerla reír, hasta que por
fin logré que se le escapara una tímida sonrisa, al parecer mis esfuerzo no
habían sido en vano.
-¿Por fin me dirás tu nombre? –Le pregunté.
-Claro, me llamo Vanessa y tengo 9 años.
-Es un gusto –Le sonreí, en ese momento abrieron la puerta
de la habitación, por fin habían llegado por ella.
-Al parecer es tiempo de despedirnos –Dijo mientras su semblante
se llenaba de lagrimas– ¿Nos volveremos a ver?
-Es una promesa –Entonces se lo prometí por el meñique.
Entonces se la llevaron, antes de irse la entrevistaron, de
ahí por fin su padre llego por ella y salieron, para su desgracia muchos
reporteros los rodearon y mi padre y otros policías los alejaron de ellos y los
metieron en la patrulla para escoltarlos a sus hogares. El camino fue un tanto
largo, pero valía la pena con tal de cuidar a aquella chiquilla, cuando por fin
llegamos, se bajo del auto la acompañe y con una dulce sonrisa dijo lo
siguiente:
-Gracias por todo, espero que la siguiente vez que nos
veamos me vuelvas a rescatar.
-Ten por seguro que nos volveremos a ver –Respondí, entonces
entro con su padre a su hogar y me retire al mío…
El espectro alejo su cabeza de Gustavo quién respiraba con
dificultad y sentía como su sangre hervía de rabia cuando supo todo.
-Aquella niña era Vanessa ¿cierto? –Río– Y todavía hay más,
vaya, volveré la siguiente noche para terminar de saber la historia.
En ese momento se esfumo y Gustavo se sentía cansado y
débil, lo que él no sabía es que por cada vez que el espectro leyera su mente
le iba robando energía vital y pedazos de vida… Ahora solo le esperaba recibir
la siguiente visita, mientras Vanessa yacía atrapada en el hospital.